La voz de las bases: el factor Ramón Diaz


Después de lo acontecido hace unos días, puedo afirmar con rotundidad que la militancia de base del PSOE se enfrenta a un escenario complejo cuando intenta respaldar un liderazgo que realmente represente y atienda sus reivindicaciones. Al hablar de "bases", me refiero a esos afiliados que no forman parte de las estructuras orgánicas ni dependen, directa o indirectamente, de un cargo público o de partido.

A simple vista, podría parecer que Ramón Díaz Farias ha sido el gran derrotado tras la primera criba de las primarias en Extremadura, al ser el único de los cinco aspirantes que no logró superar el corte. Sin embargo, a mi juicio, nada más lejos de la realidad. El resultado de su precandidatura en la recogida de avales alcanzó un 10% de la militancia, una cifra significativa que, con total seguridad, se habría multiplicado de haber pasado a la siguiente fase.

La mayoría de quienes formamos parte de esta organización vivimos alejados de los núcleos de poder que conforman las redes de influencia, cuya presencia se hace especialmente nítida en procesos como este. Por ello, el mérito de Ramón Díaz radica en haber movilizado a esa militancia libre: personas sin peajes ni intereses específicos. Lo ha logrado gracias a un modelo de partido radicalmente diferente, basado en: el empoderamiento real de las agrupaciones de los pueblos pequeños, la igualdad de oportunidades para todos los militantes, sin distinción; y finalmente, una reestructuración orgánica necesaria para reconectar con una ciudadanía que nos dio la espalda en los comicios autonómicos del pasado diciembre.

No dudo de que todos los aspirantes —Soraya, Álvaro, Manuel y Blanca— desean lo mejor para el PSOE. Es de esperar que exista un diálogo constructivo con quien ha quedado fuera para integrar ese 10% de apoyos que Ramón Díaz representa y que queda demostrado, es el único que se mueve fuera de los denominados aparatos provinciales.

No obstante, esta integración no puede ser un mero trámite. Debe basarse en propuestas concretas que garanticen el cambio que demandan las bases. Solo una transformación valiente, capaz de romper moldes establecidos, nos permitirá recuperar la confianza de la propia militancia en la organización, y de la ciudadanía en las urnas, afrontando con garantías las elecciones municipales de 2027 que están a la vuelta de la esquina y que son cruciales en estos momentos.


    

Nuevo liderazgo en el PSOE de Extremadura

Foto realizada con IA

Se acercan semanas decisivas para el socialismo extremeño. Son momentos de debate, de pasillos y de nombres. Si alguien me preguntase hoy qué perfil busco para liderar nuestro proyecto, mi respuesta sería clara y directa, alejada de cualquier dogmatismo: me es indiferente que sea hombre o mujer. Lo que exijo es que se cumpla, con rigor y sin excusas, el principio de igualdad que llevamos en nuestro ADN.

Pero el liderazgo que Extremadura nos reclama hoy va mucho más allá de las cuotas.

Sueño con un líder que no haya vivido siempre bajo el foco de la primera línea política. Busco a alguien que venga del segundo o tercer plano, pero con algo fundamental: una vida laboral propia. Necesitamos una persona con oficio fuera de la política; alguien cuyo vínculo con el servicio público nazca de la vocación y no de la necesidad, para que su criterio nunca esté condicionado por el miedo a perder un cargo.

Ese perfil debe combinar la formación académica—como herramienta necesaria para gestionar lo público con solvencia— con una experiencia de gestión contrastada. Buscamos a alguien capaz de coser heridas, de aglutinar sensibilidades contrarias y de dialogar hasta la extenuación. Quien aspire a gobernar la Junta de Extremadura no puede permitirse el lujo de no saber escuchar.

No se puede amar lo que no se conoce. El próximo liderazgo socialista debe sentir el polvo de nuestros caminos y el fresco de nuestras sierras. Debe conocer Extremadura desde la Sierra de Gata hasta la Campiña Sur, desde las Villuercas-Ibores-Jara hasta la comarca de Olivenza.

Debe ser, ante todo, una persona de pueblo. Alguien que entienda las dinámicas del mundo rural, sus silencios y sus urgencias. Solo quien conoce el latir de un municipio sabe que la política es, ante todo, proximidad. Porque hasta en las ciudades más grandes, tenemos a personas que proceden y tienen arraigo en los pueblos, que comprenden y se identifican con el contexto al que me refiero.

Sé bien de lo que hablo. Muchos recordarán las dos mayorías absolutas que obtuve en mi pueblo en 2015 y 2019. ¿Acaso alguien cree que esos resultados se forjaron solo con los votos de los militantes socialistas? En absoluto.

La confianza se construyó convenciendo a personas de izquierdas, de derechas y de centro. Esos vecinos apostaron por una candidatura que, aunque orgullosa de sus siglas, ofrecía un valor añadido: solvencia, cercanía y humanidad. Para transformar Extremadura, no basta con tener el respaldo de la militancia; necesitamos a alguien que genere confianza en el ciudadano de a pie, en ese que nos presta su voto solo si cree en nuestra honestidad.

Quiero dejar algo muy claro para evitar malentendidos: la persona que describo en estas líneas no soy yo. Nada más lejos de mis aspiraciones actuales.

Sin embargo, que nadie dude de mi compromiso. Aquellos que busquen mi apoyo, mi complicidad y mi convicción para esta misión, deben saber que mi lealtad pasa por el cumplimiento de estas características. Algunas de ellas son, para mí, innegociables. Nos jugamos el futuro de nuestra tierra, y Extremadura merece lo mejor de nosotros.

    

Permitir gobernar en Extremadura

 

Presidencia de la Junta de Extremadura


Creo recordar que en una ocasión, como militante socialista, se me preguntó si quería que mi partido llegase a un acuerdo con Ciudadanos para conformar gobierno. Aquello no volvió a repetirse a pesar de las anunciadas promesas y las numerosas ocasiones, que hubiera sido deseable darle la palabra a las bases.

En Extremadura no podemos esperar más tiempo ni siquiera irnos a unas nuevas elecciones.

Soy consciente de lo que ocurrió en el año 2023 y cómo a pesar de que Guillermo Fernández Vara ganó las elecciones finalmente hubo gobierno entre PP y VOX, que luego salió de aquella manera.

La situación orgánica en la que se encuentra el PSOE Extremadura no es la mejor para afrontar unas elecciones: primero por la falta de respuesta rápida y solvente ante unos nuevos comicios; y en segundo lugar por la negativa influencia de lo que acontece en el partido a nivel nacional.

Creo que es la hora del diálogo, de pensar en la gente más que en las siglas. 

Quizás la abstención no sea una mala opción. Permitamos que se conforme gobierno y hagamos del diálogo una fórmula de afianzar nuestras siglas, prepararnos para una nueva etapa trabajando desde esa posición y ganar tiempo para recuperar la confianza mayoritaria de los extremeños.

Hay que ser valientes y explorar cualquier vía que impida el avance de la ultraderecha en nuestra tierra.

Siempre he escuchado a personas sabias aquello de que "Muchas veces perdiendo acabas ganando".